Especiales -EL SONIDO EN EL DOCUMENTAL: REALIDAD O FICCIÓN- VOL2. EVA VALIÑO (SONIDISTA Y DISEÑADORA DE SONIDO) Y MIGUEL CALVO (SONIDISTA Y DISEÑADOR DE SONIDO)

Sonoros saludos a tod@s!!!

“Documental es todo método de registrar en celuloide cualquier aspecto de la realidad interpretado bien por la filmación de hechos o por la reconstrucción veraz y justificable, para apelar a la razón o a la emoción, con el propósito de estimular el deseo y ampliar el conocimiento y la comprensión, y plantear sinceramente problemas y soluciones en el campo de la economía, la cultura y las relaciones humanas”.

Y en los inicios del cine ya podemos ubicar el nacimiento del género documental, eso si limitado solo a la imagen en un primer momento y clasificado posteriormente como documental realista. Esas filmaciones de hechos cotidianos, de situaciones costumbristas que casi de una manera experimental proponían los Hermanos Lumiere, han evolucionado de una manera tan rápida desde sus comienzos hasta nuestros días, que los códigos narrativos sobre los que se asentaba en un principio han cambiado drásticamente, eliminándose ya las barreras (si las hubo alguna vez) entre la realidad y la ficción.

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Pero me gustaría detenerme un instante en la frase “Bien por la filmación de hechos o por la reconstrucción veraz y justificable…”. Estos términos (reconstrucción veraz y justificable) que ya de por si alimentan un debate que hoy en día todavía está muy latente, sirven para situar el objetivo los especiales que iniciamos hoy en LaBobinaSonora.

Unos objetivos que se centran en recopilar las distintas reflexiones de varios sonidistas y diseñadores de sonido acerca de distintas cuestiones como la construcción de una ficción sonora dentro de la realidad, la manipulación sonora de la audiencia o la modificación o engaño del contrato o marco Audiovisual. Estas son algunas de las cuestiones que surgen y nacen como motivo fundamental de una necesaria reflexión, dentro de un escenario actual, en donde las lineas entre la ficción y la realidad sonora en el documental, han desparecido completamente.

En esta segunda entrega la Sonidista Eva Valiño y el Sonidista y diseñador de sonido Miguel Calvo son los encargados responder a estas interesantes cuestiones.

Agradecemos especialmente a Eva y Miguel la disponibilidad y su participación en estos especiales.

LABOBINASONORA: ¿Hasta que punto la manipulación sonora de la realidad que rodea al género documental puede ser contraproducente para el mismo género y las intenciones del Director?.

EVA VALIÑO: Antes de empezar, voy a atender a las afirmaciones que subyacen a la pregunta, respecto al género documental, el sonido y la figura del director.

La Sonidista Eva Valiño durante el rodaje de Canibal, de Manuel Martín Cuenca

La Sonidista Eva Valiño durante el rodaje de Canibal, de Manuel Martín Cuenca

Me llama la atención el peligro que existe al reducir el género documental al dominio de lo real y me inquieta lo que la palabra manipulación pueda significar en este contexto, cuando de lo que se está hablando es de construcción o de creación sonora. La pregunta da por sentado que el documental filma una realidad, de ahí su preocupación por los efectos que la manipulación del sonido pueda provocar : desvirtuar lo real, desfigurar un género y ser contraproducente contra las intenciones del director.

No puedo estar menos de acuerdo.

En este orden se percibe al director como una figura pasiva exento de cualquier responsabilidad creativa, ética o moral ante su banda sonora.

Sin embargo la pregunta existe, tiene su razón de ser y nos habla de muchas cosas. Es muy probable que en nuestros días el sonido se perciba como una entidad externa, no dirigible, delegada a terceros, quizás accesoria y puramente ornamental, con la que tarde o temprano habrá que lidiar.

Quizás sea hora de admitir que el lenguaje sonoro ya no forma parte radical del cuerpo fílmico, que no se le da el valor que tiene en la praxis cinematográfica ni en la académica oficial. Voy a escribir que el mundo audible está detenido. Espero estar equivocada.

Creo que la crítica cinematográfica está preparada para referirse al sonido como entidad, para desvelar aciertos que vayan más allá de la literalidad, para despejar claves y en definitiva para construir opinión y sin embargo no lo hace.

Por desgracia, el sonido se enseña bien, en pocas escuelas. En la mayoría de ellas se aísla del resto de especialidades, se considera una competencia puramente técnica, destinada exclusivamente a formar técnicos de sonido y no cineastas.

Vamos mal.

Creo que nuestro trabajo como cineastas, sonidistas y especialistas en lenguaje cinematográfico es interpretar y traducir valores abstractos en formas plásticas y sonoras, reconocibles o no, con capacidad simbólica o no, pero al servicio del tono y del tema de una película.

Todo relato contiene una tesis, fabrica la hipótesis de una verdad o la busca desesperadamente, por tanto expresa un punto de vista y de escucha. Creo que mi trabajo consiste en pensar y grabar formas audibles para la expresión de esas ideas, emociones o sensaciones, vinculadas al tema y no tanto al argumento de la obra.

El sonidista trabaja a varios niveles, técnicamente construye la impresión de realidad y estéticamente un tono específico. El tono debe ser perceptible en todo, en la idea, la forma y por supuesto en la forma del sonido.

En mi opinión, sólo las actuaciones sin dirección que atenten contra el espíritu de la obra son contraproducentes.

Para continuar necesito ahondar en el concepto de realidad y las inevitables transferencias entre pensamiento metafísico y pensamiento cinematográfico. El género documental no está más comprometido con la realidad que la ficción, ambos géneros construyen realidades y ambos participan del mismo compromiso con lo que consideran su Verdad.

Se puede manipular un sonido pero con ello no se manipula la realidad, la realidad no existe o mejor dicho, todo es realidad.

Me apropio de las palabras de Jean Breschand en su libro, El documental: La otra cara del cine, cuando dice; “existen retóricas comunes, formas que nos parecen tan familiares que pueden hacernos pensar que existen códigos narrativos específicos, para eso que en tal caso debiéramos calificar de géneros: el “documental”, la “ficción”. Pero tales rasgos dominantes no deben llamarnos a engaño. A partir del momento en que una película inventa su propia forma, no tiene sentido querer construir codificación alguna. No existe el arte puro, porque no son los códigos, sino las desviaciones las que crean el camino.”

Creo que el único compromiso del cineasta, sea de documental o de ficción lo establece con su punto de vista y de escucha. Por tanto el único compromiso del sonidista y cineasta será entender, acercarse e interpretar el tono y el tema de su director.

El director utiliza el sonido como alfabeto, es consciente de las implicaciones sensoriales, estéticas y formales que consigue la articulación del sonido con la imagen. Por tanto nada puede haber contraproducente en un discurso personal mediante la construcción sonora, todo lo contrario.

La grabación de un sonido plantea siempre una opción de escucha, una interpretación consciente sobre lo real. En ningún momento se captura la realidad. Sin embargo, sí hay valores éticos sobre los procedimientos que se utilicen para la grabación, así como sobre las herramientas técnicas empleadas. Esconderse tras un árbol, filmar a los miembros de una tribu desde la distancia con una lente telescópica, utilizando micrófonos escondidos en busca de la verdad, quizás sea el principio una gran mentira.

En cambio, tomarse el tiempo para conseguir relaciones de confianza, acercarse a la piel de otro ser humano cámara en mano , con un micrófono suspendido en una pértiga y llegar a hacerse invisible, puede ser el principio de una gran verdad.

La mirada de Johan Van der Keuken en su relación con el sonido y con su mujer sonidista Noshka van der Lely , me hace pensar en la necesidad de volver a la unidad, de volver a filmar el sonido y no sólo grabarlo.

También me pregunto si el conocimiento técnico es fundamental para poder llegar a formas originales de expresión, o si es la necesidad de expresión la que inventa y pide el desarrollo de ideas técnicas concretas.

Lois Patiño en -Costa da Morte- monta primeros planos de sonido sobre enormes imágenes de naturaleza en planos muy abiertos y muy poco frecuentes para el ojo humano. El rigor, el sentido plástico y el instinto con el que ha articulado su sonido y su imagen nos lleva a significaciones nuevas, a emociones inesperadas. La audición de la imagen es extraordinaria y por tanto la reflexión humana sobre la naturaleza también se escapa de lo ordinario.

La relación entre el sonidista portugués, Vasco Pimentel y su director, Miguel Gomes se siente, se ve y se oye a lo largo de toda la película documental -Aquele querido mes de Agosto-. Éste es un ejemplo conmovedor del vínculo permanente, posible e imposible entre documental y ficción, la persona y el actor, la diégesis y la extradiégesis, el sonido grabado y el sonido imaginado, el sonidista y su director. La construcción de una realidad y a pesar de todo, su compromiso con la verdad.

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No todas las acciones que se escapan de las intenciones del director son contraproducentes, muchas veces éste se expone voluntariamente a la imposibilidad de control que ofrece la observación y el registro de la realidad, porque quizás sólo de esta manera se puede llegar a aquello que ni uno mismo sabe que espera.

Me gusta pensar que el espectador y el creador, son la misma persona en momentos distintos.

El espectador traduce e interpreta los objetos o sucesos contenidos en el relato audiovisual, en función de sus capacidades y/o intereses y el director disecciona, detecta las ideas contenidas en el tejido de lo real e inventa formas o dispositivos de puesta en escena que pueden ser vehículo de esas ideas, emociones o sensaciones.

Cuando la conexión es muy profunda, la obra se comunica con todos nosotros y nosotros con ella.

MIGUEL CALVO: Supongo que todo depende de si el uso del sonido es coherente con los códigos y las formas de cada documental. Desde mi punto de vista este es un aspecto básico que se puede extrapolar también al sonido en ficción.

El Sonidista y diseñador de sonido Miguel Calvo

El Sonidista y diseñador de sonido Miguel Calvo.

Así como en la ficción se dan numerosos géneros que dan pie a una mayor o menor manipulación a nivel sonoro, creo que en el documental ocurre lo mismo. El límite debe estar en los márgenes impuestos por la propuesta formal que se esté llevando a cabo (como pasa con la ficción) aunque sin perder de vista que en el documental se pretende mostrar aspectos de la realidad con una óptica más o menos intervencionista.

Partiendo de la base de que cuando uno va a ver un documental lo que espera encontrar es un reflejo de la realidad creo que hemos de movernos desde esa premisa. Ahora bien, desde el momento en que alguien planta su cámara en un entorno o redacta una voz en off o toma decisiones durante el montaje de imagen se está manipulando de alguna manera la realidad que pretende ser reflejada. Creo que la idea principal y lo que debe marcar el grado de manipulación o intervención sonora que apoya al sonido directo es la coherencia con la manera de narrar esa realidad del director, no con la realidad en sí misma.

Ocurre muchas veces que el sonido en el documental juega un papel secundario desde un punto de vista estético, con ese afán de fidelidad a lo que la imagen nos trata de mostrar. Muchas veces se juega con el sonido directo y poco más, sin aditivos, y muchas veces funciona, pero a mi particularmente me parece que si la estética a nivel sonoro puede mejorar, siempre y cuando sea coherente con las intenciones del director y no entre en contradicción con la imagen y la historia, porque no intervenir. Si se puede contar lo mismo con sobriedad o maquillando levemente para que quede más bonito porque no hacer lo segundo. Un atardecer con golondrinas o sin golondrinas, recrear un efecto que no ha sido posible capturar correctamente en rodaje, incluso una conversación que no se corresponde con el momento en que fue grabada… pues si aportan a la narración, si hacen más agradable el visionado y son coherentes con la propuesta formal, pues para adelante.

Con esto no quiero decir que todo vale y que todo necesita de cierta manipulación. Defiendo el sonido a nivel estético dentro del documental siempre y cuando vaya en consonancia con las intenciones del director y con la historia a contar. Además, creo que se deben tener muy en cuenta y se debe ser muy respetuoso con las expectativas del espectador.

LBS: Teniendo en cuenta diversos factores como los calendarios de post-producción o los presupuestos (entre otras muchas variables). ¿Existe dentro del género documental espacio para que la construcción de un mundo sonoro sea tan Inmersiva como en una película de ficción sin afectar a su narrativa, a la historia en si?.

EVA: En mi opinión el género documental presenta formas sonoras muy  interesantes y creativas, tanto o más que el cine de ficción convencional actual. Los calendarios, los presupuestos afectan por igual a unos y a otros, pero tengo la sensación de que las grandes  ideas sobreviven mejor en equipos pequeños.

No por ser inmersivo, el sonido es más importante. Lo que hace importante al sonido es  su puntería, su alcance y su radicalidad. Lo que hacemos con él para que dote de valores nuevos a la imagen. De la yuxtaposición entre una imagen y un sonido específico nacerá  una tercera imagen que no es sólo imagen, ni sólo sonido.  Ésa es para mí,  la verdadera tridimensionalidad del cine.

MIGUEL: Pienso que así debería ser, lo que ocurre es que normalmente los calendarios, los presupuestos, etc muchas veces no permiten dedicar el tiempo necesario para que el sonido juegue un papel más relevante en el documental. Creo que también hay una variante industrial y de difusión que condiciona todo esto. El recorrido comercial de un documental y el público que lo consume no es tan amplio como en la ficción y rara vez el éxito de un documental es vox populi. Los posibles beneficios son menores y por tanto los costes suelen ser acordes, es lógico.

Supongo que a veces no es necesario ir mucho más allá del sonido directo, si la historia y la manera de contarla no lo requiere; pero, si el presupuesto y el tiempo lo permiten, todo lo que sea mejorar la calidad y aportar narrativamente me parece muy loable.

LBS: ¿Realizas estrategias distintas o diferentes a la hora de afrontar la construcción de un mundo sonoro para un género de no ficción como el documental, con respecto a un género de ficción?.

EVA: En general no, considero la construcción de ambos géneros por igual. En ambos casos mi primer deseo es acercarme al guión con inocencia infantil, sin pensar mucho, recordar lo primero que he sentido, las ideas, las sensaciones físicas y poco a poco acercarme a lo racional, lo que se esconde bajo la linea argumental.

La segunda labor es intentar transmitir al director mis impresiones e intuiciones con palabras, crear puentes entre nosotros, saber si estamos en lo mismo, si la obra habla por si sola, si hay algo que yo no sé, o que no sabemos de ella todavía.

En definitiva, procuro escapar de las mil películas posibles que contiene un mismo guión y entrar en la única película posible para mi director.

MIGUEL: Mi enfoque del documental es el mismo que con la ficción, simplemente uno no debe salirse de los márgenes y los códigos de aquello que está contando. Así, en función de las características de cada proyecto, tienes más o menos posibilidad de intervención.

En una película de personajes con un tono neorrealista en la que ocurre un atentado no puedes poner un bombazo a lo Rambo y al contrario, en una peli de mucha acción esperas que las cosas suenen grandes y gordas aunque muchas veces no se ajusten a la realidad. Yo particularmente sigo esa premisa también en el documental, ajustarme a lo que se está contando y la manera de enfocarlo del director.

LBS: ¿Hasta que punto o linea roja podrías llegar a la hora de exponer esas manipulaciones de la realidad al Director?.

EVA: Hasta el desnudo. Insisto en que la realidad no se manipula, se construye de principio a fin. El sonidista es una extensión creativa del director, sin entender su obra, su tono, o su tema no hay nada.

No hay nada que me importe más.

MIGUEL: Cada proyecto y cada director son distintos. La veracidad con la que se pretende reflejar la realidad puede variar mucho. Si lo que más peso tiene es el mensaje independientemente de lo que se muestra el margen puede ser muy amplio; si por el contrario lo que se busca es la fidelidad a la realidad que vemos el margen se estrecha. Creo que la línea roja viene definida por la propuesta formal y la disposición del director, va desde la recreación total, efectista y subjetiva al respeto más absoluto del sonido directo.

LBS: ¿Es posible que las construcciones sonoras que podemos realizar en torno al género documental puedan llegar a ser más fieles que la propia realidad del momento del rodaje?.

EVA: Es bueno recordar cómo eran los lugares que nos gustaron, no olvidar  cómo era el paso del tiempo allí, los silencios, la ingenuidad, lo que no era útil y conectarse con la verdad de los sitios antes de pedirles nada,  antes de transformarlos en otra cosa con nuestra presencia, con nuestros deseos y expectativas sobre ellos.

Me parece importante pensar en los valores que la personalidad sonora de una localización va a imprimir en un personaje, momento o situación, mucho antes de que empiece la filmación, cuando se piensa en la idea y se escribe el guión, fundamentalmente. Prefiero intervenir antes, para ser poco intervencionista  después.

La vida nos hace  regalos en forma de  situaciones impredecibles pero el documental no sólo consiste en adaptarse a ese tipo de inmediatez, es muy importante saber reconocer lo que pertenece a nuestra película y lo que no.

De todos los elementos que forman parte del paisaje sonoro o psíquico de un espacio, seguramente hay uno, uno sólo que es signo o símbolo de lo queremos contar.

Reconocerlo, grabarlo e interpretarlo también es parte de nuestro trabajo.

Los sonidos mecánicos que se oyen desde  la sala de espera de un dentista  son música de terror para los pacientes que esperan. La calidad anímica del silencio, expresada en el rostro de los actores será otra si silenciamos todas las máquinas. Eliminar el ruido podría hacer un mejor sonido pero quizás una peor película. Sólo si conocemos  el tema y el tono de la obra  que estamos haciendo podremos considerar esos ruidos como elementos imprescindibles de nuestra secuencia o no.

Los buenos ambientes no sucede cuando uno quiere, ni cuando se tiene el tiempo para grabar. Una buena toma de sonido es una mezcla de suerte, observación y mucha paciencia.

En el momento de rodaje, cuando todos estemos listos, lo más probable es que la vida se haya ido a otra parte, entre otras cosas porque la habremos expulsado un poquito entre todos.

Atender no sólo a la comprensión y al contenido de la palabra, sino a la voz del espacio acústico que la contiene es muy importante. Conocer y escoger el espacio para que sirva a nuestras expectativas creativas sobre él. Imaginar el sonido nos permite ver mucho más profundamente.

Colocarse en el lugar más ventajoso, donde la acústica sea más interesante, donde se puedan percibir los cambios más sutiles o dramáticos en el espacio te da un buen punto de partida pero luego hay que tener suerte y esperar que pase lo extraordinario, aquello que uno nunca imaginó.

Es verdad, para construir hay que destruir. Como sonidista debo proteger el sonido de los ruidos indeseables, así que muchas veces no queda más remedio que intervenir en el estado natural de las cosas, por eso mismo es tan importante conocer y  entender no sólo la localización donde se trabaja si no también el lugar ideológico en el que transcurre la película.

MIGUEL: Creo que no, pero desde mi punto de vista eso no tiene porque ser una razón para renegar de todo aquello que no fue capturado en el momento.

Muchas veces y dadas las características del rodaje de un documental (como pueden ser la imposibilidad de grabar en un entorno controlado acústicamente o lo imprevisible de funcionar sin guión) el sonido directo puede verse resentido. Ese es uno de los puntos atractivos y a la vez un hándicap técnico, su “salvajismo” en el buen sentido y su espontaneidad. Yo no suelo grabar sonido directo y nunca lo he hecho en un documental, pero soy muy consciente de las dificultades que conlleva y creo que es admirable y digno de elogio conseguir un buen resultado en unas condiciones tan poco propicias. ¡Además normalmente se encarga una única persona!.

Partiendo de la base de que muchas veces las condiciones de rodaje son relativamente incontrolables creo que siempre debe existir un hueco para tratar de complementar, embellecer y, en ocasiones, incluso recrear ese sonido directo; pero el momento de la grabación es siempre único, sólo hay que decidir hasta que punto te adhieres a él.

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